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Revista de actualidad musical en castellano
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Talentos a la sombra


César Cuenca

Con su marcha cambió todo

César Cuenca era uno de los componentes de Celtas Cortos. Colaboró como compositor de melodías en temas tan ilustres como "Cuéntame un cuento", "Ya está bien" "No nos podrán parar", "Ramance de Rosabella y Domingo" o en el instrumental "Más kilómetros". Era la piedra angular que requería el grupo para integrar la vena folk de parte de los componentes y la vertiente comprometida y rockera de Cifuentes. Aportaba equilibrio conceptual, tranquilidad compositiva, y talento, muy talento. Tenía una facilidad pasmosa para componer melodías agradables, sencillas, muy conectadas con los sentimientos. Es fácil que los ojos se humedezcan escuchando una melodía de César Cuenca. No obstante, sobre el escenario parecía uno más. Con aspecto de bonachón, portador de una gran humanidad y siempre saltando y brincando, Cuenca disfrutaba en cada disco con sus aportaciones y en los directos con sus guitarras. Su dedicación no sólo se redujo a su actividad compositiva sino también a sus habilidades con la guitarra (eléctrica, acústica, banjo, etc.). Suyas son las mejores guitarras de los Celtas (Sendino, sus sustituto, no llegó a su altura). Resulta estremecedor escuchar sobre los surcos de un vinilo o en las pistas de un CD de los Celtas, ese sólo de "La Senda del Tiempo", esos punteos del comienzo de "Veinte de abril", esa guitarra desgarrada de "lluvia en soledad", ese sonido compacto de "hacha de guerra" o esos acordes tristes, duros y secos de "Aguantando el tirón" (cuantas veces lo he puesto en mi plato!). Cuenca tenía la habilidad para buscar sonidos agradables, accesibles, temblorosos. Su guitarra era parte del sonido Celtas.

Pero llegaron los problemas. Cuenca disentía del "compromiso" y experimentación que pretendía imponer Cifuentes al grupo y de la vertiente más folk y también "social" de otros miembros del grupo. Tras convocar una polémica rueda de prensa, Cuenca anuncia su despedida. Era el principio del fin de una etapa de los Celtas. Luego vendrían otras deserciones (Nacho Martín o Luis M. de Tejada o Goyo Yeves) y más tarde la de Cifuentes y Sendino (también un excelente guitarrista, y zurdo). Tras la marcha de Cuenca, Celtas nunca fueron los mismos. Se esfumaron esas melodías que hacían tiritar, que desencajaban al más duro. Todo se perdió entre lo social, la experimentación y la ortodoxia académica. Pero esa es otra historia. Es curioso reseñar que en el disco en solitario de Cifuentes lo cita en los agradecimientos y lo cita como compañero de aventuras....

Cuenca volvió en 1999 y grabó el disco "Bichito" (Tin 3, 1999). En él, según cuentan las crónicas, reproducía parte de esa magia que impartía a sus composiciones. Pero si los Celtas no volvieron a ser los mismos, Cuenca también perdió algo en el camino. Los Celtas y Cuenca funcionaban bien como conjunto pero no alcanzaban el mismo grado de brillantez por separado. El disco no logró cuotas de popularidad nada aceptables y Cuenca se despeñó en una intensa gira. En el camino también surgió un cambio estético. Ahora se presentaba más flaco, con el pelo corto y sin barbas. "Vagabundo" y "El Angel negro" fueron algunos de los temas destacados, en un disco que algunos tildaron de correcto pero nada más. No se ha vuelto a saber nada de César Cuenca desde la grabación y gira de ese disco, pero estamos seguros que ahora que los Celtas están como están, muchos pedimos a gritos su vuelta. ¿Por qué no?



Pascual Roel

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